Al borde de los nervios, iraníes en Turquía observan cómo su patria se estremece
Mahsa, una exiliada iraní, enrolla un mechón de pelo entre sus uñas pintadas y se enciende un cigarrillo mientras contempla el caos en su país desde el otro lado de la frontera, en Turquía.
Hace tres años, esta joven de 30 años, oriunda de Teherán, huyó a Van, en el este de Turquía, harta de recibir amenazas y citaciones policiales tras las protestas que sacudieron Irán después de la muerte de una joven detenida por infringir el código de vestimenta de la república islámica.
Ahora, mientras Irán se tambalea bajo una represión sangrienta contra una nueva oleada de protestas, Mahsa está en vilo, observando y esperando noticias de su tierra natal, donde las autoridades impusieron un apagón de internet mientras las manifestaciones antigubernamentales se extendían por el país.
Los grupos de derechos humanos afirman que el apagón sirvió para que las fuerzas de seguridad aplastaran brutalmente las protestas, dejando varios miles de muertos.
Mahsa pasó dos semanas sin noticias de sus seres queridos en Teherán.
Ha logrado ponerse en contacto con ellos a medida que las comunicaciones se han ido restableciendo lentamente, pero dice que temen hablar abiertamente.
"Me dijeron que están bien. Pero tienen miedo de hablar por teléfono. Tienen miedo incluso de salir a la calle", dijo Mahsa, un seudónimo que eligió para proteger su identidad, en tributo a Mahsa Amini, la estudiante cuya muerte en 2022 desató la ola previa de protestas.
"En las noticias (en Irán) te advierten: 'No hables, o algo le pasará a tu familia'".
Hablando mientras tomaba té en un popular café entre los jóvenes iraníes en Van, a 100 kilómetros de la frontera, Mahsa dijo a la AFP que la situación la había dejado con las emociones "a flor de piel".
Las protestas de "Mujer, Vida, Libertad" que estallaron en 2022 fueron sofocadas con cientos de muertos y miles de detenciones.
Pero esta vez ha sido muy fuerte la violencia empleada en los primeros días de enero para sofocar las últimas protestas, que comenzaron por las dificultades económicas y se transformaron en un movimiento de masas por el cambio.
El terror se siente al otro lado de la frontera.
"La gente ya no aguanta más. Queremos libertad, un futuro. Y que dejen de oprimirnos", dijo Mahsa.
"La religión debe ser algo personal. Que cada quien viva como quiera y se vista como quiera".
Pero Mahsa no quiere que se cumpla la amenaza de un ataque militar del presidente estadounidense, Donald Trump.
"¿Cuántas personas inocentes más van a morir?
- "Hastiados" -
Nilufer, de 35 años, que partió a Turquía el año pasado, quiere que Estados Unidos intervenga.
"Espero que lancen ataques de inmediato. Hagan lo que hagan los estadounidenses, nunca matarán a tantos como los que abrieron fuego contra su propia gente", dijo.
Nilufer, una exfuncionaria, dejó a su hijo de 10 años con su madre en Tabriz para venir a Turquía con una visa de estudiante y encontrar trabajo.
Cuenta que en Irán "la situación es terrible".
"La economía es un desastre. Te pagan un día y al siguiente los precios se duplican".
Pero regresa cada mes para ver a su hijo, "a pesar de la presión", dijo. "En cuanto cruzo la frontera, tengo que llevar el velo", dijo.
"No digo nada contra el gobierno. Tengo cuidado con lo que comparto. Pero nadie quiere este régimen. Han hastiado a todo el mundo musulmán".
"Estamos pidiendo ayuda. No tenemos otra opción".
F.M.Meza--ECdLR