Argentina e Inglaterra desempolvan su encendida rivalidad para citarse con España
En uno de los duelos más simbólicos del Mundial 2026, Argentina e Inglaterra disputarán este miércoles en Atlanta una semifinal que recoge cuatro décadas de historia, rivalidad y recuerdos, pero con un premio mucho más palpable: enfrentar el domingo a una temible España en la gran final.
Pocas rivalidades entre selecciones acumulan tanta carga emocional. La Guerra de las Malvinas de 1982 entre ambos países y el inolvidable Argentina-Inglaterra (2-1) de México 1986, con la Mano de Dios y el Gol del Siglo de Diego Maradona, siguen presentes en la memoria colectiva del planeta fútbol.
"No busquemos otra cosa. Vamos a jugar contra una gran selección (...) es un partido de fútbol, punto", afirmó el seleccionador de la Albiceleste, Lionel Scaloni, quien se ha esmerado para las semis en separar el pasado del presente.
En la misma línea se pronunció el martes el entrenador de Inglaterra, Thomas Tuchel: "Mi cuerpo técnico y yo no hablamos de los acontecimientos históricos. No hablamos de los momentos icónicos. El partido en sí ya es lo bastante icónico y la tensión es lo suficientemente grande".
El problema para ingleses o argentinos, además de tener que eliminarse, es que el presente dicta que para salir campeones tendrán que deshacerse de España, que en Arlington sometió como pocos esperaban a la todopoderosa Francia (2-0).
- Inglaterra, la estampilla que le faltaba a Messi-
El choque en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta también es especial porque pondrá por primera vez a Lionel Messi, a sus 39 años, frente a Inglaterra.
"Jugué contra todos menos contra Inglaterra y es especial porque es una selección grande, más en una semifinal de un Mundial", dijo Messi.
Para alimentar los guiños al 86, La Pulga saltará a la cancha con la emblemática indumentaria azul oscura, un presagio argentino que no sobra para que el siguiente destino sea la final del domingo en el MetLife Stadium, a las afueras de Nueva York, y no el partido por el tercer puesto del sábado en Miami.
El rosarino llega como máximo goleador del torneo, igualado con Kylian Mbappé con ocho tantos, un rendimiento que no ha sido suficiente para que Argentina avance sin sufrir, pues en las eliminaciones directas apenas superó en la prórroga a Cabo Verde y Suiza y remontó de forma agónica a Egipto.
Del otro lado aparece una Inglaterra más efectiva que brillante, impulsada por arrebatos de Harry Kane y Jude Bellingham, que han marcado doce de los trece goles ingleses y sostienen la ilusión de alcanzar la primera final mundialista desde su única estrella de 1966.
"Son dos grandes jugadores, de los mejores del mundo, que a cualquier entrenador le gustaría tener. Intentaremos neutralizarlos con nuestras armas", dijo Scaloni.
El propio Kane se refirió a lo que representa enfrentar a Messi, considerado por muchos el mejor de la historia. "Sabemos lo que ha hecho en el fútbol", pero "el partido es contra Argentina, no contra Lionel Messi", apuntó el delantero del Bayern Munich.
- La "Scaloneta" entra al peaje de Tuchel-
La semifinal también enfrenta a dos técnicos con riendas diferentes.
Con su "Scaloneta", el paciente entrenador argentino construyó un ciclo basado en la continuidad del grupo campeón del mundo y en recuperar la identidad futbolística argentina, cuya calidad en el torneo no termina de aflorar.
"Necesitamos recuperar jugar con la pelota, que es donde siempre nos hicimos fuertes, todo lo otro lo tenemos", sostuvo el martes Scaloni, que ya conquistó el Mundial de Catar en 2022 y dos Copas América.
En frente está el metódico Thomas Tuchel, contratado para devolver a Inglaterra a la cima con un estilo mucho más directo y exigente.
El alemán ha llevado a los Tres Leones hasta semifinales apoyado en Kane y Bellingham, aunque sin ocultar su inconformidad con el rendimiento colectivo de un equipo que por momentos desaparece de los partidos.
Su franqueza implacable ha generado incluso diferencias públicas con Bellingham, pero Kane salió en defensa de su entrenador: "Creo que eso es lo que hace al míster tan especial y tan grande, porque no se guarda nada, es emocional, dice las cosas como son".
Cuatro décadas después del partido que marcó para siempre esta rivalidad, Argentina e Inglaterra volverán a encontrarse en Atlanta por un lugar en la final del Mundial, el mayor premio que jamás estuvo en juego entre ellas. No es poco incluso para quienes creen que solo es un partido de fútbol.
G.Rivera--ECdLR