El Comercio De La República - España y la ola Migratoria

Lima -

España y la ola Migratoria




España vive desde hace años un flujo migratorio intenso que impacta en sus costas, sus fronteras terrestres y su estructura demográfica. Este fenómeno no es nuevo, pero los datos recientes muestran un mosaico de tendencias: un descenso global de las llegadas irregulares en 2025, un aumento de entradas en rutas concretas, un número creciente de personas nacidas en el extranjero y un debate político cada vez más intenso. Este artículo analiza las cifras oficiales, los principales sucesos de 2024 y 2025, las tragedias humanas en el Atlántico y el Mediterráneo, el impacto demográfico y las respuestas políticas en España y en el marco europeo.

Entradas irregulares: descenso general y rutas en auge
Tras un año 2024 marcado por niveles récord de llegadas irregulares a la península (63 970 entradas, frente a 52 852 en 2023), 2025 ha registrado un descenso global. Hasta el 15 de agosto de 2025, el número de migrantes que alcanzaron España de forma irregular cayó un 29,3 % respecto al mismo periodo de 2024. El informe quincenal del Ministerio del Interior divulgado en noviembre de 2025 cifraba en 30 263 los migrantes llegados de forma irregular hasta el 31 de octubre, un 35,8 % menos que en los diez primeros meses de 2024. Esta reducción se debe en gran medida a la caída de las entradas por la ruta canaria, que tras el pico de 2024 ha descendido un 58,6 %: 14 099 personas llegaron a las islas hasta octubre, frente a 34 087 en el mismo periodo de 2024.

Sin embargo, la presión migratoria no desaparece, sino que se desplaza. En las Islas Baleares, las llegadas se dispararon. Hasta mediados de agosto se habían registrado 4 323 migrantes y 230 pateras, un aumento del 77 %. La tendencia continuó en otoño: a 31 de octubre, 6 280 personas habían arribado a Baleares por mar, un 66 % más que en 2024, y el Ministerio de Interior destacaba que las 342 embarcaciones interceptadas superaban en más de un centenar a las del año anterior. Las llegadas marítimas a la península también aumentaron un 20 % en 2025 (6 593 personas). Las entradas por tierra en Ceuta y Melilla también crecieron: 1 887 personas hasta agosto (un 14,9 % más) y 3 262 personas hasta octubre (un 41,3 % más). El flujo terrestre a Melilla se disparó un 336 %, de 38 a 166 personas.

Estas cifras matizan el discurso de que la crisis está controlada. El notable descenso en Canarias coincide con una “hibernación” de la ruta, pero la presión se traslada a Baleares y a las fronteras terrestres. Las autoridades también destacan que el número de embarcaciones interceptadas sigue siendo alto: 1 066 barcos en todo el país hasta octubre, 298 menos que en 2024 pero todavía una cifra considerable.

2024: un año récord de llegadas y de muertes
Los datos de 2024 ayudan a contextualizar la situación actual. A finales de ese año habían llegado a la península 63 970 migrantes irregulares. La inmensa mayoría, 61 323 personas, lo hicieron por mar. Las entradas por tierra crecieron un 114,5 % hasta sumar 2 647. Ese mismo año se registraron 10 457 muertes o desapariciones en rutas hacia España, según la organización Caminando Fronteras, lo que supone una media de casi 30 personas al día y un incremento del 58 % respecto al año anterior. La cifra de fallecidos de 2024 muestra que, aunque las llegadas descienden en 2025, los riesgos persisten.

Tragedias recientes en el Atlántico y el Estrecho
El verano de 2025 volvió a evidenciar la letalidad de las rutas. En julio, más de 80 personas —incluidos al menos 50 menores de origen marroquí y palestino— se lanzaron al mar para alcanzar a nado la ciudad de Ceuta. Fueron rescatados 54 menores y unos 30 adultos por unidades marítimas españolas. Algunas personas lograron eludir el control y se dispersaron por la ciudad, lo que llevó a las autoridades locales a pedir apoyo al Gobierno central. Los intentos a nado son cada vez más frecuentes cuando las pateras disminuyen y reflejan la desesperación de muchos jóvenes.

Un mes después, el 29 de agosto de 2025, se produjo una tragedia en la ruta atlántica: una embarcación que había salido de Gambia con destino a las Islas Canarias naufragó frente a las costas de Mauritania. La Guardia Costera mauritana recuperó 70 cadáveres y rescató a 17 supervivientes, mientras continuaban las labores de búsqueda. La barca llevaba más de cien personas, la mayoría procedentes de Gambia, Zambia y Senegal. Esta tragedia subraya la peligrosidad de la ruta canaria, por la que en 2024 llegaron 46 843 personas y 9 757 murieron en la travesía, según datos oficiales citados por organizaciones humanitarias.

La ruta atlántica hacia Canarias es actualmente la más mortífera del mundo. Desde el 1 de enero de 2018 hasta el 1 de junio de 2024 se han contabilizado 18 680 personas muertas o desaparecidas en esta ruta. En los últimos cinco años, las llegadas han crecido de forma exponencial: 120 905 supervivientes llegaron a las islas entre 2020 y principios de julio de 2024. Los expertos señalan que el cierre de otras rutas mediterráneas y la mayor vigilancia en el Estrecho han desplazado el flujo hacia el Atlántico, donde las distancias son mayores y las embarcaciones más precarias.

Impacto demográfico: España bate récords de población gracias a la inmigración
A pesar del descenso en las llegadas irregulares, España sigue incrementando su población gracias a la inmigración legal y a los procesos de nacionalización. Según la Estadística Continua de Población (ECP) del Instituto Nacional de Estadística, la población del país aumentó en 105 488 personas en el tercer trimestre de 2025 y alcanzó un máximo histórico de 49 442 844 habitantes. El crecimiento anual estimado es de 474 454 personas.

Este aumento se debe, en gran medida, a las personas nacidas en el extranjero. A 1 de octubre de 2025 había 9 825 266 residentes nacidos fuera de España. El número de extranjeros aumentó en 78 937 personas durante el trimestre, hasta 7 132 324. En cambio, el número de personas nacidas en España disminuyó en 9 901. Estas cifras implican que la inmigración contribuye no solo a compensar el déficit de nacimientos, sino a impulsar el crecimiento demográfico. Las principales nacionalidades de los inmigrantes en el último trimestre de 2024 fueron Colombia (43 400), Venezuela (30 500), Marruecos (27 700), Honduras (19 700) y China (18 800).

Entre 2013 y 2023 se produjeron 1 645 261 naturalizaciones en España, con un crecimiento notable entre los colectivos marroquí, venezolano y colombiano. Los datos del Servicio Jesuita a Migrantes muestran que a 1 de enero de 2024 había 9 341 782 personas de origen inmigrado, lo que representaba el 19,21 % de la población. Las Islas Baleares, Canarias, Cataluña, Madrid y la Comunidad Valenciana figuran entre las regiones con mayor proporción de población nacida en el extranjero.

Este incremento demográfico tiene consecuencias en el mercado laboral, el sistema de pensiones y el equilibrio territorial. En algunos territorios con fuerte dinamismo económico, como la Comunitat Valenciana, Madrid y Cataluña, la población extranjera creció en 2024 más de un 0,3 % trimestral. La UGT subraya que, sin la aportación migrante, la población española habría disminuido en 20 505 personas en ese mismo periodo.

Debate político y respuestas institucionales
El fenómeno migratorio se ha situado en el centro del debate político español. El Barómetro del CIS de septiembre de 2025 situaba la inmigración como la segunda preocupación de los ciudadanos, solo por detrás de la vivienda. Esta percepción ha llevado a distintos partidos a presentar propuestas. Un plan elaborado por el principal partido de la oposición propone un sistema de visados por puntos que vincularía la entrada de extranjeros a sectores con escasez de mano de obra y priorizaría a personas procedentes de países “culturalmente próximos”. La propuesta endurece las regularizaciones y condiciona el acceso a prestaciones públicas a la búsqueda activa de empleo. Incluye expulsiones de inmigrantes con delitos graves y un refuerzo del control fronterizo.

Mientras tanto, en el Congreso se tramita una Iniciativa Legislativa Popular para regularizar a cientos de miles de personas sin papeles. Tras superar la toma en consideración en abril de 2024, su avance se ha estancado. El Gobierno estudia un borrador alternativo que permitiría regularizar a quienes hayan llegado antes de 2025. Algunos grupos parlamentarios reclaman al Ejecutivo que apruebe la regularización por decreto debido a la falta de apoyos.

Uno de los puntos más sensibles es el reparto de los menores no acompañados. El Ejecutivo ha puesto en marcha un mecanismo para trasladar a estos menores desde territorios saturados —Canarias, Ceuta y Melilla— a otras comunidades. El decreto fija una ratio de 32,6 plazas por cada 100 000 habitantes y contempla reubicar a unos 3 000 menores en un año. Algunas comunidades se resisten y otras, como Cataluña y el País Vasco, han quedado exentas de la obligatoriedad de los traslados. El Gobierno también ha asignado 22 millones de euros para financiar la acogida. La ministra de Inclusión y Migraciones, en un balance de 2024, insistió en que la solidaridad no debe ser un eslogan, sino una práctica que inspire a las comunidades autónomas.

En paralelo, España participa en la reforma europea de migración y asilo. El Consejo de la UE adoptó el Pacto sobre Migración y Asilo el 14 de mayo de 2024. La reforma pretende aliviar la carga de los países con más llegadas, crear procedimientos uniformes de registro y procesamiento de solicitudes y asegurar un reparto equitativo de responsabilidades. España impulsa una aplicación temprana del pacto y observa con cautela algunas propuestas europeas, como la creación de centros de deportación en terceros países y el aumento de los retornos. La Comisión Europea prevé presentar en 2025 una directiva de retornos para aumentar la eficacia de las expulsiones. La idea de instalar centros de deportación en Albania ha ganado apoyos entre varios Estados miembros, aunque genera rechazo en España y se encuentra paralizada por cuestiones legales.

Respuestas sociales y humanitarias
La gestión del flujo migratorio no recae únicamente en el Gobierno central. Organizaciones humanitarias, comunidades autónomas y ayuntamientos participan en la acogida. La ministra Elma Saiz subrayaba que en 2024 se garantizó diariamente a todas las personas atención humanitaria —cama, formación y apoyo emocional— gracias al trabajo del personal público y de las ONG. Sin embargo, la capacidad de los centros se ha visto desbordada en algunos momentos, especialmente en las islas y en Ceuta y Melilla. Además, los discursos de odio y la desinformación han crecido, obligando a las instituciones a reforzar sus mecanismos de vigilancia y a promover campañas antirracistas.

En varias provincias, asociaciones y colectivos han exigido rutas seguras, visados humanitarios y políticas de integración que eviten el exilio clandestino. La organización Caminando Fronteras recuerda que miles de cuerpos nunca son recuperados y denuncia la falta de mecanismos de búsqueda y repatriación. La sociedad civil también ha impulsado iniciativas para facilitar el empadronamiento, el acceso a la sanidad y la regularización extraordinaria de personas que llevan años residiendo en España.

Conclusión
Las llegadas irregulares a España se han reducido en 2025, pero continúan desbordando determinadas rutas y provocando tragedias. Al mismo tiempo, la inmigración, en sus múltiples formas, se ha consolidado como el motor del crecimiento demográfico y como un elemento estructural del mercado laboral y del sistema de bienestar. El país afronta el reto de gestionar esta realidad con políticas que combinen control fronterizo, respeto a los derechos humanos, solidaridad entre territorios y oportunidades de integración. La “bomba” migratoria no es un fenómeno incontrolable, sino un desafío complejo que exige datos veraces, cooperación internacional y un enfoque equilibrado entre seguridad y humanidad.



Destacados


Rusia y el terrorismo contra Ucrania

Rusia es un estado terrorista, algo que todo el mundo sabe desde el 24 de febrero de 2022. ¡Desde febrero de 2022, el estado terrorista ruso comete a diario crímenes de guerra, violaciones, asesinatos, saqueos, tomas de rehenes y otros crímenes bestiales!La invasión rusa de Ucrania, iniciada en febrero de 2022, continúa generando incertidumbre sobre su desenlace. Mientras algunos analistas apuntan a que Moscú ha alcanzado ciertos objetivos estratégicos, otros señalan que aún no puede hablarse de una victoria rotunda, dado el prolongado conflicto y la resistencia ucraniana, respaldada en gran medida por la ayuda militar y financiera de Occidente. En este contexto, surgen preguntas fundamentales: ¿ha ganado Rusia la guerra? ¿Qué escenarios se plantean para el futuro de Ucrania?Estancamiento y guerra de desgaste:Uno de los panoramas más mencionados por los expertos es el de un conflicto prolongado, caracterizado por escaramuzas en puntos clave y por un avance lento y costoso para ambas partes. La dinámica de esta «guerra de desgaste» implica que Ucrania mantenga un alto nivel de movilización, con el apoyo técnico y diplomático de Estados Unidos y la Unión Europea, mientras que Rusia trataría de afianzar su control sobre las zonas que ya ocupa, reforzando sus posiciones militares y logísticas.Posibles consecuencias: desgaste económico para ambas naciones, mayor dependencia de Ucrania de la asistencia occidental y riesgo de crisis humanitaria en las regiones más afectadas.Negociaciones y acuerdo de paz parcial:Otro posible desenlace reside en un eventual acuerdo de paz que no necesariamente implicaría una restauración total de las fronteras ucranianas previas a la invasión. Con la mediación de potencias internacionales, se ha especulado sobre la posibilidad de un alto el fuego y la fijación de nuevas líneas de demarcación.Posibles consecuencias: consolidación de facto del control ruso en territorios disputados, alivio temporal de la tensión, pero persistencia de un conflicto latente que podría reactivarse si no se abordan las causas de fondo.Escalada y riesgo de confrontación mayor:A pesar de que numerosos países han abogado por la vía diplomática, existe el temor de que el conflicto pueda escalar. Un escenario extremo contemplaría un aumento de la presión militar por parte de Rusia o la intervención más directa de otras potencias, lo que elevaría significativamente el peligro para la estabilidad europea e internacional.Posibles consecuencias: agravamiento de la crisis humanitaria, mayor número de desplazados y potencial expansión del conflicto a otros Estados de la región.Victoria ucraniana con apoyo internacional:No se descarta, por otra parte, un escenario favorable a Ucrania. La combinación de la resistencia local y la asistencia militar extranjera podría permitirle recuperar parte de los territorios ocupados o, al menos, defender con éxito las zonas aún bajo su control.Posibles consecuencias: reposicionamiento geopolítico de Ucrania como aliado firme de Occidente, fortalecimiento de sus fuerzas armadas y la posible redefinición del equilibrio de poder en Europa del Este.¿Ha ganado Rusia la guerra?Por ahora, no existe un consenso definitivo sobre si Rusia puede considerarse vencedora. Si bien ha obtenido algunas ganancias territoriales y ha forzado a Ucrania y a Europa a una respuesta militar y económica de gran calado, los costes —tanto para el Kremlin como para la población ucraniana— se han disparado. El conflicto ha puesto de relieve la determinación de Kiev y el compromiso de la OTAN y la UE en sostener la defensa ucraniana.En última instancia, el futuro de Ucrania dependerá de la capacidad de ambas partes para mantener o intensificar el esfuerzo militar, la voluntad política de negociar y el respaldo de la comunidad internacional. La guerra, lejos de haberse resuelto, sigue definiendo un nuevo orden geopolítico, cuyas repercusiones marcarán el curso de Europa y del mundo durante los próximos años.

EE. UU.: Trump y la crisis sanitaria

En un movimiento sorpresivo que ha generado intensos debates en el panorama político de Estados Unidos, el expresidente Donald J. Trump ha designado a un nuevo referente para encarar la compleja crisis de salud que atraviesa el país. Se trata del doctor Jonathan H. Miller, un reputado especialista en políticas sanitarias y exasesor de la Organización Mundial de la Salud.Según fuentes cercanas al círculo de Trump, Miller tendrá plenos poderes para rediseñar el sistema de atención médica a fin de reducir costes, agilizar procesos y ampliar la cobertura para millones de estadounidenses que aún carecen de seguro. Su nombramiento, sin embargo, no está exento de controversia. Mientras algunos sectores conservadores aplauden la decisión por considerar a Miller un experto en optimización de recursos y recortes presupuestarios, grupos progresistas y diversas organizaciones de derechos civiles temen que las futuras reformas puedan perjudicar a las poblaciones más vulnerables.“Miller se ha destacado por su enfoque pragmático y su afán de eficiencia, pero su historial en la implantación de programas de salud pública es limitado”, señala la analista política Michelle Ortiz. “Por un lado, Trump busca una solución rápida y contundente; por otro, no está claro hasta qué punto se priorizarán las necesidades de quienes históricamente han estado al margen del sistema”.Durante su breve comparecencia ante los medios, Miller se comprometió a “revisar de inmediato” las leyes que rigen el acceso a la salud y a proponer un plan de acción que contemple la modernización de los hospitales y clínicas rurales, así como la incorporación de tecnología punta en la gestión de historias clínicas. No obstante, evitó entrar en detalles sobre la posible derogación de normativas vigentes, incluido el polémico Affordable Care Act, emblema de la administración Obama.La comunidad médica observa con cautela el rumbo que podría tomar el sistema sanitario bajo esta nueva iniciativa. Mientras algunos doctores y especialistas en salud pública reconocen la necesidad de cambios profundos para hacer frente al envejecimiento de la población, el encarecimiento de los medicamentos y la disparidad en el acceso a seguros, otros temen que una visión excesivamente economicista arriesgue el principio de universalidad.Por el momento, el futuro de la reforma sanitaria estadounidense permanece incierto. Lo que sí parece seguro es que la apuesta de Trump por el doctor Miller como adalid del cambio marcará un nuevo capítulo en la incesante pugna entre quienes defienden un mayor rol del Estado en la protección de la salud y quienes abogan por iniciativas privadas y la desregulación del sector. Queda por ver si este nuevo liderazgo será capaz de generar consensos duraderos o si se sumará a la larga lista de intentos fallidos por reparar un sistema que, a juicio de muchos, lleva décadas en crisis.

Empleo en EE. UU. se enfría

Hay titulares que se sostienen por una sola cifra. Pero, en economía, el impacto real suele venir de otra cosa: la corrección silenciosa de lo que creíamos saber. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con el último balance del mercado laboral estadounidense. Una revisión estadística de gran calado ha reescrito el guion de 2025 y, con ello, ha colocado al empleo en el centro de una inquietud que se venía acumulando desde hace meses: la creación de puestos de trabajo fue mucho más débil de lo estimado y deja a 2025 como el peor año de generación neta de empleo desde 2003, descontando periodos recesivos.El dato es más que simbólico. Es un cambio de perspectiva que afecta a consumidores, empresas, inversores y a la política monetaria. Porque un mercado laboral “frágil” no significa necesariamente una oleada inmediata de despidos; puede ser algo más sutil y, a la larga, igual de dañino: un entorno de contratación lenta, oportunidades escasas para quienes buscan cambiar de empleo, y una economía que avanza con el freno de mano puesto.1) El giro que cambia la lectura de 2025La imagen de un mercado laboral sólido se apoya, en Estados Unidos, en un termómetro concreto: la evolución de las nóminas no agrícolas y sus revisiones. Cada mes se publica una primera estimación, pero esa cifra no es definitiva. Se revisa —y, en ocasiones, se reescribe— a medida que entra más información. Y, una vez al año, llega el ajuste más importante: la actualización “ancla” que compara lo estimado con recuentos casi completos vinculados a registros administrativos.Esta vez, el ajuste no ha sido menor. La creación de empleo a lo largo de 2025 se ha recalculado con un resultado muy distinto: la economía habría añadido solo 181.000 empleos en todo 2025, frente a una cifra previamente más alta. Dicho de otro modo: apenas unos 15.000 puestos al mes de media. En una economía del tamaño de la estadounidense, ese ritmo no es “enfriamiento”; es casi parálisis. Y, además, el recorte no se limita a una cifra anual: la creación de empleo en los 12 meses hasta marzo de 2025 se redujo en 898.000 puestos frente a lo que se creía.La consecuencia es contundente: 2025 pasa a ser el año con peor creación de empleo fuera de una recesión desde 2003. No es una etiqueta hecha para el drama; es un recordatorio histórico. Porque 2003 fue un año en el que el país aún digería las secuelas del estallido tecnológico y una recuperación lenta. Que 2025 —en teoría, sin una recesión formal— se acerque a ese patrón dice mucho sobre la debilidad “por debajo de la superficie”.2) Enero de 2026 mejora el titular… pero no el diagnósticoEn medio de esa revisión, el arranque de 2026 ofrece una cifra que, en otro contexto, se celebraría con alivio: en enero, los empleadores añadieron 130.000 puestos de trabajo, muy por encima del consenso que apuntaba a un avance modesto. El contraste con diciembre es evidente: en ese mes se registraron 48.000 nuevos empleos.También el desempleo se movió en la dirección “correcta” en el corto plazo: la tasa de paro cayó al 4,3% desde el 4,4%, marcando su nivel más bajo desde el verano pasado. Pero el mensaje real no está solo en el total, sino en la composición: el crecimiento no fue amplio ni equilibrado.El grueso del empleo se concentró en un sector que lleva años actuando como “colchón” del mercado laboral: la sanidad, que sumó 137.000 puestos. Esa cifra, por sí sola, explica casi todo el avance neto del mes. Porque mientras la salud tiraba del carro, otros ámbitos se quedaban atrás o incluso retrocedían: hubo descensos en áreas como gobierno, finanzas y transporte y almacenamiento. La fotografía es la de un mercado laboral que crea empleo, sí, pero de forma cada vez más estrecha y dependiente de islas de demanda relativamente estables.Incluso donde hubo mejora, fue más una señal de respiración que de impulso: la manufactura añadió 5.000 empleos, su primer aumento desde noviembre de 2024. Es un dato positivo, pero insuficiente para afirmar que la industria esté entrando en una fase expansiva. Más bien sugiere que el deterioro podría estar tocando fondo en algunos segmentos, mientras el conjunto sigue limitado por la incertidumbre y los costes financieros.3) Por qué “la peor cifra desde 2003” importa más que el titularLa referencia a 2003 no es solo un golpe emocional. Funciona como umbral histórico porque subraya un elemento clave: la diferencia entre “no destruir empleo” y “crear suficiente empleo”. En una economía grande, el empleo debe crecer no solo para mejorar, sino para absorber el crecimiento de la población y de la fuerza laboral. Cuando el ritmo de creación de puestos se reduce a una cifra tan baja como la que ahora se atribuye a 2025, aparecen tres efectos prácticos:- Se alarga el tiempo de búsqueda para quienes están desempleados o quieren cambiar de trabajo. Menos vacantes y menos contrataciones significan menos oportunidades reales, aunque el paro no se dispare de inmediato.- Se frena la movilidad laboral, lo que tiende a reducir el poder de negociación de los trabajadores. Si la rotación cae, la competencia por talento se suaviza.- Aumenta la vulnerabilidad ante cualquier shock. Cuando el empleo avanza con lo justo, cualquier golpe —un frenazo del consumo, un ajuste en inversión, un repunte de costes— puede empujar la tasa de paro al alza con rapidez.- Por eso, aunque enero muestre un rebote, la revisión de 2025 actúa como una alarma: indica que el mercado laboral llegó a 2026 con menos “colchón” del que se creía.4) El corazón técnico del ajuste: cómo se reescriben las nóminasPara entender la magnitud del cambio hay que entrar en la cocina estadística. Las estimaciones mensuales del empleo se publican con información incompleta, porque miles de empresas aún no han respondido o lo hacen con retraso. Por eso, el cálculo inicial se revisa durante los dos meses siguientes, a medida que se incorporan respuestas adicionales y se recalculan ajustes estacionales.Además, una vez al año se realiza el ajuste más relevante: la revisión de referencia que “reancla” las estimaciones a recuentos administrativos casi completos, construidos a partir de registros asociados a impuestos y seguros de desempleo. Esa operación reduce errores de muestreo y de modelización. En la práctica, es una auditoría estadística: lo que parecía cierto con encuestas parciales se contrasta con datos más completos.Estas revisiones no son un fallo; son el mecanismo estándar para mejorar la precisión. Pero cuando el cambio es grande, el impacto sobre la narrativa es inevitable: no se trata de una décima aquí y allá, sino de una reinterpretación del pulso real del empleo durante todo un año.5) Un mercado “de baja combustión”: pocas vacantes, pocas contrataciones, pocas salidasEl empleo no se mide solo por lo que se crea. El estado de salud del mercado laboral también se ve en el volumen de vacantes, en la facilidad para cambiar de trabajo y en la velocidad de contratación. Y aquí el mensaje ha sido consistente: la economía se mueve en un régimen de “bajo fuego”.En las últimas semanas han aparecido señales de advertencia más allá de las nóminas: por ejemplo, una caída pronunciada de las vacantes laborales a finales de 2025. Cuando las vacantes bajan, las empresas no necesariamente despiden al instante; primero dejan de publicar ofertas, congelan procesos y alargan reemplazos. El resultado es un mercado que parece estable por fuera, pero se endurece por dentro: el trabajador que quiere un salto de salario o de sector se encuentra con puertas cerradas; el desempleado ve cómo el número de opciones se reduce y la búsqueda se prolonga.Esa dinámica explica una contradicción que se ha vuelto habitual: índices financieros fuertes y crecimiento económico, pero sensación social de estancamiento. Cuando la contratación se estrecha, la economía puede “crecer” sin que la mayoría lo perciba como mejora.6) La Reserva Federal observa un empleo “frío, pero estable”En este contexto, la política monetaria es un actor central. La autoridad monetaria mantuvo recientemente el tipo de referencia en un rango del 3,5% al 3,75%, una decisión que refleja el delicado equilibrio entre inflación y empleo: el mercado laboral no parece estar en colapso, pero sí en enfriamiento.De hecho, en su evaluación más reciente se percibe un matiz: si antes se hablaba con más insistencia de riesgos a la baja para el empleo, ahora se interpreta que el mercado puede estar en una fase de estabilización, aunque con ganancias de empleo reducidas. Dicho de forma simple: no hay señales de pánico, pero tampoco de fortaleza.Para empresas y familias, el mensaje es claro: mientras el empleo aguante “lo suficiente” y la inflación siga siendo un foco, el margen para abaratar el crédito no es automático. Y eso importa porque el coste del dinero condiciona decisiones de inversión, contratación, vivienda y consumo durable. Un mercado laboral ya “enfriado” puede verse aún más presionado si el crédito sigue restringido durante demasiado tiempo.7) Qué sectores sostienen el empleo y cuáles muestran desgasteLa concentración del empleo en la sanidad no es un fenómeno nuevo, pero sí cada vez más decisivo. Cuando el crecimiento neto depende de uno o dos sectores, el mercado se vuelve menos resiliente: cualquier desaceleración en ese motor puede afectar al total.Por el contrario, los retrocesos en ámbitos como transporte y almacenamiento son consistentes con una economía donde el consumo de bienes se normaliza y las cadenas logísticas, tras años de ajustes, operan con mayor prudencia. La debilidad en finanzas puede reflejar una mezcla de factores: digitalización, ajustes de costes y una demanda de crédito que no despega con fuerza en un entorno de tipos altos.La manufactura, por su parte, ofrece una señal pequeña pero simbólica. El retorno a terreno positivo tras más de un año sin aumentos sugiere que el ajuste industrial puede estar acercándose a un punto de inflexión. Aun así, un dato mensual aislado no define una tendencia.8) El riesgo no es un desplome súbito: es una erosión lentaHablar de “hundimiento” del empleo no necesariamente significa un derrumbe inmediato de millones de puestos. En el ciclo actual, el riesgo más plausible es otro: una erosión lenta, donde las nóminas avanzan poco, las revisiones restan confianza y, con el tiempo, el desempleo empieza a subir por falta de absorción.En otras palabras: la economía puede seguir “funcionando” mientras el mercado laboral se va endureciendo. Y eso tiene efectos sociales y políticos: más personas atrapadas en empleos que no les satisfacen, menos cambios de carrera, más jóvenes encontrando barreras de entrada, y una sensación general de que el progreso se concentra en pocos segmentos.La revisión que relega 2025 al peor registro desde 2003 fuera de recesión es una señal de advertencia precisamente por eso: no describe un golpe puntual, sino un año entero de debilidad que ahora se reconoce con datos más completos.9) Qué mirar en los próximos mesesCon el nuevo marco estadístico, el foco se desplaza a tres preguntas:- ¿Se amplía la creación de empleo más allá de la sanidad? Si el crecimiento vuelve a diversificarse, la estabilización ganará credibilidad.- ¿Rebotan las vacantes y la contratación? Sin un repunte de ofertas y de entradas, el empleo puede sostenerse pero el mercado seguirá “congelado”.- ¿Qué pasa con el desempleo si el crecimiento del empleo se mantiene por debajo de lo necesario? Un alza gradual del paro sería el síntoma de que el bajo crecimiento ya no basta.Por ahora, el dato de enero aporta oxígeno, pero la revisión de 2025 impone prudencia. En un entorno donde el empleo se corrige a la baja con el paso del tiempo, la pregunta ya no es solo cuántos puestos se crean hoy, sino cuántos de los creados ayer siguen siendo ciertos en el recuento definitivo.