El Comercio De La República - UE: ¿Densidad per cápita de coches?

Lima -

UE: ¿Densidad per cápita de coches?




La concentración de automóviles por habitante varía significativamente entre los países y regiones de Europa, reflejando factores como el poder adquisitivo, la infraestructura vial y el acceso al transporte público. Según datos recientes de Eurostat y de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA, por sus siglas en inglés), determinadas zonas del continente registran una densidad de vehículos más alta que la media europea.

Luxemburgo, a la cabeza en densidad de vehículos - Uno de los casos más notorios es el del Gran Ducado de Luxemburgo, que encabeza la lista de países con la mayor proporción de automóviles por persona. Especialistas señalan varios motivos

Elevado poder adquisitivo:
Con un PIB per cápita entre los más altos de la Unión Europea, las familias luxemburguesas cuentan con recursos suficientes para adquirir múltiples vehículos.

Movilidad transfronteriza:
Muchos trabajadores transitan a diario entre Luxemburgo y países vecinos (Bélgica, Francia y Alemania), lo que fomenta el uso intensivo del automóvil.

Sistema fiscal y precios del combustible:
Históricamente, los impuestos sobre combustibles y la adquisición de vehículos han sido relativamente favorables, incentivando la compra de automóviles.


Regiones del sur de Alemania y el norte de Italia

Más allá de los países en su conjunto, también existen diferencias marcadas dentro de cada Estado miembro. Algunas regiones alemanas y del norte de Italia destacan por su alta densidad de vehículos:

Baviera y Baden-Württemberg (Alemania)
Sede de grandes fabricantes de automóviles, como BMW, Audi y Mercedes-Benz, lo que genera empleo y poder adquisitivo en la región. Infraestructura vial avanzada, con amplias autopistas (Autobahn) que facilitan el uso del automóvil.

Lombardía y Véneto (Italia)
Zonas económicamente potentes, con un tejido industrial consolidado y uno de los niveles de renta más altos del país. Redes de transporte público que, si bien son importantes, no han reducido el arraigo cultural del vehículo privado.


Principados y microestados - Otro aspecto curioso es la elevada densidad de vehículos en microestados europeos con superficies muy reducidas

Mónaco:
Aunque su territorio es ínfimo, el alto nivel de renta y la condición de destino turístico de lujo se traducen en una concentración de automóviles de alta gama.

Andorra:
El flujo de visitantes y la oferta comercial, especialmente en temporadas de compras y de esquí, contribuye a un parque automovilístico notablemente alto en relación con su población permanente.


Factores que influyen en la tenencia de vehículos - Los analistas señalan varios elementos que explican estas diferencias

Nivel socioeconómico:
A mayor poder adquisitivo, más probabilidad de contar con uno o varios vehículos por hogar.
Políticas públicas: Incentivos fiscales o subsidios que promueven la adquisición de automóviles o la convivencia con el transporte público.

Cultura de la movilidad:
En ciertas regiones, el automóvil se percibe como un símbolo de estatus y libertad de movimiento, sin importar la existencia de alternativas colectivas.


Retos y perspectivas de futuro - La creciente densidad de vehículos en algunas regiones de Europa trae consigo retos en materia de congestión, contaminación y ordenamiento urbano. Para afrontar estas problemáticas

Planes de movilidad sostenible:
Diversos gobiernos locales apuestan por el refuerzo del transporte público, la electrificación de flotas y la promoción de la bicicleta o del vehículo compartido.

Regulación medioambiental:
Normativas como zonas de bajas emisiones (ZBE) y restricciones a vehículos diésel o de mayor antigüedad se están extendiendo a escala europea.

Innovación y digitalización:
El auge de las aplicaciones de movilidad y de los vehículos eléctricos e híbridos podría reconfigurar la manera en que los europeos se desplazan.

Conclusión
Las regiones europeas con la densidad más alta de automóviles por habitante son un reflejo directo de su prosperidad económica, la disponibilidad de transporte público y las políticas fiscales aplicadas. Aunque esta elevada concentración de vehículos puede generar dinamismo económico, también plantea desafíos importantes de sostenibilidad y gestión urbana que los gobiernos y la ciudadanía deberán abordar en los próximos años.



Destacados


Rusia y el terrorismo contra Ucrania

Rusia es un estado terrorista, algo que todo el mundo sabe desde el 24 de febrero de 2022. ¡Desde febrero de 2022, el estado terrorista ruso comete a diario crímenes de guerra, violaciones, asesinatos, saqueos, tomas de rehenes y otros crímenes bestiales!La invasión rusa de Ucrania, iniciada en febrero de 2022, continúa generando incertidumbre sobre su desenlace. Mientras algunos analistas apuntan a que Moscú ha alcanzado ciertos objetivos estratégicos, otros señalan que aún no puede hablarse de una victoria rotunda, dado el prolongado conflicto y la resistencia ucraniana, respaldada en gran medida por la ayuda militar y financiera de Occidente. En este contexto, surgen preguntas fundamentales: ¿ha ganado Rusia la guerra? ¿Qué escenarios se plantean para el futuro de Ucrania?Estancamiento y guerra de desgaste:Uno de los panoramas más mencionados por los expertos es el de un conflicto prolongado, caracterizado por escaramuzas en puntos clave y por un avance lento y costoso para ambas partes. La dinámica de esta «guerra de desgaste» implica que Ucrania mantenga un alto nivel de movilización, con el apoyo técnico y diplomático de Estados Unidos y la Unión Europea, mientras que Rusia trataría de afianzar su control sobre las zonas que ya ocupa, reforzando sus posiciones militares y logísticas.Posibles consecuencias: desgaste económico para ambas naciones, mayor dependencia de Ucrania de la asistencia occidental y riesgo de crisis humanitaria en las regiones más afectadas.Negociaciones y acuerdo de paz parcial:Otro posible desenlace reside en un eventual acuerdo de paz que no necesariamente implicaría una restauración total de las fronteras ucranianas previas a la invasión. Con la mediación de potencias internacionales, se ha especulado sobre la posibilidad de un alto el fuego y la fijación de nuevas líneas de demarcación.Posibles consecuencias: consolidación de facto del control ruso en territorios disputados, alivio temporal de la tensión, pero persistencia de un conflicto latente que podría reactivarse si no se abordan las causas de fondo.Escalada y riesgo de confrontación mayor:A pesar de que numerosos países han abogado por la vía diplomática, existe el temor de que el conflicto pueda escalar. Un escenario extremo contemplaría un aumento de la presión militar por parte de Rusia o la intervención más directa de otras potencias, lo que elevaría significativamente el peligro para la estabilidad europea e internacional.Posibles consecuencias: agravamiento de la crisis humanitaria, mayor número de desplazados y potencial expansión del conflicto a otros Estados de la región.Victoria ucraniana con apoyo internacional:No se descarta, por otra parte, un escenario favorable a Ucrania. La combinación de la resistencia local y la asistencia militar extranjera podría permitirle recuperar parte de los territorios ocupados o, al menos, defender con éxito las zonas aún bajo su control.Posibles consecuencias: reposicionamiento geopolítico de Ucrania como aliado firme de Occidente, fortalecimiento de sus fuerzas armadas y la posible redefinición del equilibrio de poder en Europa del Este.¿Ha ganado Rusia la guerra?Por ahora, no existe un consenso definitivo sobre si Rusia puede considerarse vencedora. Si bien ha obtenido algunas ganancias territoriales y ha forzado a Ucrania y a Europa a una respuesta militar y económica de gran calado, los costes —tanto para el Kremlin como para la población ucraniana— se han disparado. El conflicto ha puesto de relieve la determinación de Kiev y el compromiso de la OTAN y la UE en sostener la defensa ucraniana.En última instancia, el futuro de Ucrania dependerá de la capacidad de ambas partes para mantener o intensificar el esfuerzo militar, la voluntad política de negociar y el respaldo de la comunidad internacional. La guerra, lejos de haberse resuelto, sigue definiendo un nuevo orden geopolítico, cuyas repercusiones marcarán el curso de Europa y del mundo durante los próximos años.

EE. UU.: Trump y la crisis sanitaria

En un movimiento sorpresivo que ha generado intensos debates en el panorama político de Estados Unidos, el expresidente Donald J. Trump ha designado a un nuevo referente para encarar la compleja crisis de salud que atraviesa el país. Se trata del doctor Jonathan H. Miller, un reputado especialista en políticas sanitarias y exasesor de la Organización Mundial de la Salud.Según fuentes cercanas al círculo de Trump, Miller tendrá plenos poderes para rediseñar el sistema de atención médica a fin de reducir costes, agilizar procesos y ampliar la cobertura para millones de estadounidenses que aún carecen de seguro. Su nombramiento, sin embargo, no está exento de controversia. Mientras algunos sectores conservadores aplauden la decisión por considerar a Miller un experto en optimización de recursos y recortes presupuestarios, grupos progresistas y diversas organizaciones de derechos civiles temen que las futuras reformas puedan perjudicar a las poblaciones más vulnerables.“Miller se ha destacado por su enfoque pragmático y su afán de eficiencia, pero su historial en la implantación de programas de salud pública es limitado”, señala la analista política Michelle Ortiz. “Por un lado, Trump busca una solución rápida y contundente; por otro, no está claro hasta qué punto se priorizarán las necesidades de quienes históricamente han estado al margen del sistema”.Durante su breve comparecencia ante los medios, Miller se comprometió a “revisar de inmediato” las leyes que rigen el acceso a la salud y a proponer un plan de acción que contemple la modernización de los hospitales y clínicas rurales, así como la incorporación de tecnología punta en la gestión de historias clínicas. No obstante, evitó entrar en detalles sobre la posible derogación de normativas vigentes, incluido el polémico Affordable Care Act, emblema de la administración Obama.La comunidad médica observa con cautela el rumbo que podría tomar el sistema sanitario bajo esta nueva iniciativa. Mientras algunos doctores y especialistas en salud pública reconocen la necesidad de cambios profundos para hacer frente al envejecimiento de la población, el encarecimiento de los medicamentos y la disparidad en el acceso a seguros, otros temen que una visión excesivamente economicista arriesgue el principio de universalidad.Por el momento, el futuro de la reforma sanitaria estadounidense permanece incierto. Lo que sí parece seguro es que la apuesta de Trump por el doctor Miller como adalid del cambio marcará un nuevo capítulo en la incesante pugna entre quienes defienden un mayor rol del Estado en la protección de la salud y quienes abogan por iniciativas privadas y la desregulación del sector. Queda por ver si este nuevo liderazgo será capaz de generar consensos duraderos o si se sumará a la larga lista de intentos fallidos por reparar un sistema que, a juicio de muchos, lleva décadas en crisis.

Colapso demográfico Alemán

Alemania se enfrenta a un profundo cambio demográfico cuyas consecuencias ya se perciben hoy. Una tasa de natalidad en descenso desde hace décadas, unida a una esperanza de vida en constante aumento y a la jubilación de las generaciones del baby boom, está transformando fundamentalmente la estructura de edades del país. Mientras que en 1983 un sexto de la población tenía entre 15 y 24 años, a finales de 2024 sólo era uno de cada diez. Al mismo tiempo, la proporción de personas mayores de 65 años aumentó del 15 % en 1990 a alrededor del 30 % previsto para 2040. Este envejecimiento de la sociedad hace que una parte creciente de la población tenga derecho a pensión y necesite más servicios de atención.Cotizantes a la baja, jubilados al alzaEl envejecimiento deja huellas profundas en el sistema de pensiones alemán. En 1990 cuatro trabajadores financiaban a un jubilado; hoy dos cotizantes sufragan una pensión. Cuando la generación del baby boom se retire por completo en los próximos años, esta relación se deteriorará a unos 1,5 cotizantes por pensionista. Las previsiones del Instituto de la Economía Alemana de Colonia indican que en 2050 incluso sólo habrá alrededor de 1,3 activos por jubilado. Ahora mismo cada vez menos jóvenes tienen que mantener a cada vez más mayores, una descompensación que pone en apuros al sistema de reparto.La Oficina Federal de Estadística calcula que el número de personas en edad de jubilarse aumentará hasta al menos 20,4 millones hacia finales de la década de 2030. La proporción de jóvenes disminuye mientras la esperanza de vida sigue creciendo (83,5 años para las mujeres y 78,9 años para los hombres). Con el envejecimiento también aumenta el número de personas dependientes: entre 1999 y 2023 pasó de dos a 5,7 millones, y se prevé un déficit de unas 690.000 personas cuidadoras hasta 2049.Un agujero de 120.000 millones de euros en la caja de las pensionesPara estabilizar el nivel de las pensiones en el 48 % hasta 2031 y evitar su reducción, el Gobierno federal ha aprobado un paquete de pensiones. La medida pasa por alto el núcleo del problema: en lugar de reformar el sistema, inyecta más dinero público en la caja de las pensiones. Según los planes, entre 2031 y 2040 el Estado deberá transferir unos 120.000 millones de euros adicionales al régimen legal de pensiones para mantener el nivel elevado. El presupuesto para 2025 ya prevé una subvención estatal de 121.000 millones de euros, después de que en los últimos diez años estas aportaciones hayan aumentado en más de 30.000 millones.Estas cifras muestran la magnitud del déficit demográfico. Mantener el alto nivel de las pensiones encarece aún más el sistema. Economistas advierten de que, sin reformas estructurales, se producirán costes adicionales de decenas de miles de millones. Al mismo tiempo, el potencial de población activa se reduce: un estudio de la Fundación Bertelsmann pronostica que el número de personas en edad de trabajar caerá a unos 35 millones en 2060 si no hay inmigración. Menos cotizantes significan menos ingresos: los 120.000 millones son sólo la parte visible de un agujero financiero creciente.Prueba de fuego para las finanzas públicas y el sistema sanitarioEl cambio demográfico no afecta únicamente a las pensiones. Menos trabajadores implican menos ingresos fiscales, mientras que el gasto en salud y cuidados aumenta. Expertos calculan que el déficit del seguro público de salud podría ascender a unos 87.000 millones de euros ya en 2030, incluso si se aplican todas las medidas de ahorro previstas. Al mismo tiempo, faltan cuidadores y el creciente número de personas de edad muy avanzada seguirá cargando los sistemas sociales y sanitarios. El aumento de las cotizaciones podría elevar los costes laborales al 50 % del salario bruto en 2040.La economía también sufre: la disminución de la oferta de mano de obra frena el crecimiento potencial. La automatización y la digitalización pueden sustituir parcialmente a los trabajadores que faltan, pero no aportan cotizaciones sociales. Además, el "tsunami gris" demográfico plantea desafíos al mercado inmobiliario: cada vez más personas mayores venden sus viviendas mientras desciende el número de compradores potenciales. En las regiones rurales se avecinan bajadas de precios.Preguntas sin resolver y posibles salidasLa situación es grave, pero la política evita reformas profundas. Una solución sostenible a largo plazo debe accionar varios resortes: vincular de forma flexible la edad de jubilación a la esperanza de vida, implantar una previsión profesional y privada obligatoria al estilo neerlandés, mejorar las condiciones para las familias y fomentar la inmigración cualificada. También sería importante reforzar la capitalización de las pensiones para aliviar a las generaciones más jóvenes.El colapso demográfico no se puede detener, pero sus efectos pueden mitigarse. Sin reformas decididas, Alemania corre el riesgo de caer en un agujero financiero cada vez más profundo. El déficit de 120.000 millones en la caja de las pensiones es una señal de alarma: representa una evolución que cuestiona fundamentalmente el modelo social alemán. La política, la economía y la sociedad deben enfrentarse urgentemente a esta realidad para asegurar el bienestar y la cohesión social.